Siervos inteligentes
Está claro: cuanto más estúpidos seamos, mejor para ellos.
Pero no es tan sencillo. Creo que fue Spinoza en el que le dijo a los reyes absolutistas: "si les reprimes se unirán contra tí, déjales que se expresen libremente y jamás encontrarán el consenso para organizarse".
Esta máxima, a día de hoy, reluce como el mismísimo Rey Sol.
Nos expresamos libremente, gracias al estado de derecho y al sistema democrático. Sin embargo, nos comportamos como auténticos borregos. Todos, casi sin excepción. Lo que nos lleva a pensar que compartimos, unos con otros, el estigma plural de la estupidez a pesar de vivir en la sociedad de la información libre.
La historia creo que sucedió de la sigüiente manera:
En el principio, cuando nuestra conciencia era insular, sabíamos que eramos estúpidos, o lo intuíamos, vaya, a pesar de nuestras maravillosas habilidades; precisamente, porque no teníamos conciencia de ellas. De pronto, ¡la sociedad evoluciona! nace la tradición, que hace de gran intelecto para todos esos monos estúpidos, y encumbra divinamente a otros simios también estúpidos en el poder.
El ideal a partir de ahora será encumbrar a la inteligencia humana en la Tierra gracias a unas élites pensantes.
Con la caida de la tradición, aparece la gran novedad (estamos hablando de un periplo de miles años), y siguiendo las instrucciones del gran Spinoza, todos los monos por decisión estamental se vuelven listos, inteligentes, con capacidad de decidir por sí mismos, más sabios que la antigua tradición, y tienen la facultad- teórica, una vez más- de ser acogidos por las élites...
Pero algo falla, lo sabemos, en esta argumentación.
Los monos siguen siendo imbéciles. Está claro. Pero ahora no lo saben. Y eso es muy peligroso. A pesar de que hoy en día las palabras más "cool" son originalidad, personalidad, fama, éxito, individuo, étc.., el mono sigue siendo aquel animal político, gregario que describió el ambíguo Aristóteles, y por lo tanto tiende a integrarse en el pensamiento colectivo mayoritario, o, en palabras más llanas: se deja llevar. Conclusión: las cosas no funcionan. Y nadie lo remedia. Todo nos está bien, porque en realidad... ¡somos tan inteligentes! Y hasta aquí-el mundo que tenéis frente a vuestros ojos-hemos llegado.
¿No sería más práctico reivindicar la estupidez? ¿En vez de creernos tan y tan listos, no deberíamos aceptar nuestra condición para convertirnos en unos monos estúpidos pero sabios?
Pero no es tan sencillo. Creo que fue Spinoza en el que le dijo a los reyes absolutistas: "si les reprimes se unirán contra tí, déjales que se expresen libremente y jamás encontrarán el consenso para organizarse".
Esta máxima, a día de hoy, reluce como el mismísimo Rey Sol.
Nos expresamos libremente, gracias al estado de derecho y al sistema democrático. Sin embargo, nos comportamos como auténticos borregos. Todos, casi sin excepción. Lo que nos lleva a pensar que compartimos, unos con otros, el estigma plural de la estupidez a pesar de vivir en la sociedad de la información libre.
La historia creo que sucedió de la sigüiente manera:
En el principio, cuando nuestra conciencia era insular, sabíamos que eramos estúpidos, o lo intuíamos, vaya, a pesar de nuestras maravillosas habilidades; precisamente, porque no teníamos conciencia de ellas. De pronto, ¡la sociedad evoluciona! nace la tradición, que hace de gran intelecto para todos esos monos estúpidos, y encumbra divinamente a otros simios también estúpidos en el poder.
El ideal a partir de ahora será encumbrar a la inteligencia humana en la Tierra gracias a unas élites pensantes.
Con la caida de la tradición, aparece la gran novedad (estamos hablando de un periplo de miles años), y siguiendo las instrucciones del gran Spinoza, todos los monos por decisión estamental se vuelven listos, inteligentes, con capacidad de decidir por sí mismos, más sabios que la antigua tradición, y tienen la facultad- teórica, una vez más- de ser acogidos por las élites...
Pero algo falla, lo sabemos, en esta argumentación.
Los monos siguen siendo imbéciles. Está claro. Pero ahora no lo saben. Y eso es muy peligroso. A pesar de que hoy en día las palabras más "cool" son originalidad, personalidad, fama, éxito, individuo, étc.., el mono sigue siendo aquel animal político, gregario que describió el ambíguo Aristóteles, y por lo tanto tiende a integrarse en el pensamiento colectivo mayoritario, o, en palabras más llanas: se deja llevar. Conclusión: las cosas no funcionan. Y nadie lo remedia. Todo nos está bien, porque en realidad... ¡somos tan inteligentes! Y hasta aquí-el mundo que tenéis frente a vuestros ojos-hemos llegado.
¿No sería más práctico reivindicar la estupidez? ¿En vez de creernos tan y tan listos, no deberíamos aceptar nuestra condición para convertirnos en unos monos estúpidos pero sabios?

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